sábado, 18 de octubre de 2014

Cuando yo me vaya

Hoy rescato unas letras que no son mis, pero si para vosotros, para a quien en algún momento apreció mi simple silencio a su lago o sencillamente disfrutó de un instante de vidas cruzadas

"Cuando yo me vaya,no quiero que llores, quédate en silencio, sin decir palabras, y vive recuerdos, reconforta el alma.

Cuando yo me duerma, respeta mi sueño, por algo me duermo; por algo me he ido.

Si sientes mi ausencia, no pronuncies nada, y casi en el aire, con paso muy fino, búscame en mi casa, búscame en mis libros, búscame en mis cartas, y entre los papeles que he escrito apurado.

Ponte mis camisas, mi sweater, mi saco y puedes usar todos mis zapatos. Te presto mi cuarto, mi almohada, mi cama, y cuando haga frío, ponte mis bufandas.

Te puedes comer todo el chocolate y beberte el vino que dejé guardado. Escucha ese tema que a mí me gustaba, usa mi perfume y riega mis plantas.

Si tapan mi cuerpo, no me tengas lástima, corre hacia el espacio, libera tu alma, palpa la poesía, la música, el canto y deja que el viento juegue con tu cara. Besa bien la tierra, toma toda el agua y aprende el idioma vivo de los pájaros.

Si me extrañas mucho, disimula el acto, búscame en los niños, el café, la radio y en el sitio ése donde me ocultaba.

No pronuncies nunca la palabra muerte. A veces es más triste vivir olvidado que morir mil veces y ser recordado.

Cuando yo me duerma, no me lleves flores a una tumba amarga, grita con la fuerza de toda tu entraña que el mundo está vivo y sigue su marcha.

La llama encendida no se va a apagar por el simple hecho de que no esté más.

Los hombres que “viven” no se mueren nunca, se duermen de a ratos, de a ratos pequeños, y el sueño infinito es sólo una excusa.

Cuando yo me vaya, extiende tu mano, y estarás conmigo sellada en contacto, y aunque no me veas, y aunque no me palpes, sabrás que por siempre estaré a tu lado.

Entonces, un día, sonriente y vibrante, sabrás que volví para no marcharme."

CARLOS ALBERTO BOAGLIO

domingo, 12 de octubre de 2014

Camino sin adios

Aprendí lo hermoso que resulta que sueltes mis mano tras una caída, que dejes de apretar mis dedos mientras te levantas del lodo donde nunca quisiste caer y que ante el titubeo agazapado en tu interior casi claves tus uñas en las palmas de mis manos.
Aprendí además a mirar la tibieza de unos ojos que por fin mira  frente a frente sin dolores ni heridas, en completa calma y con el destello de alegría que asoma tras la tormenta. Unos ojos gratos y con el único cristalino del sol reflejado en sus pupilas
Aprendí que el calor de unos dedos que se entrelaza con los míos es el signo más claro de que en algún momento todos necesitamos sentir un latido ajeno que nos devuelva la respiración, que nos de ese aliento que a veces nos falta y ese espacio de serenidad donde el silencio es sencillamente un regalo.
Aprendí que en mi camino cruzaban a diario pequeñas almas que yo siempre vi grandes e inmensas, únicas y especiales, a pesar de los arapos y jirones que colgaban de sus pecho, de las repetitivas lamentaciones que salían de sus pieles.
Sin embargo, en el diario caminar, en el tedio de cada momento sigue doliendo cómo siempre no encontrar una mirada que vuelva atrás su vista para ver si sigo andando las pisadas que yo misma incité a andar, sigue faltando esa palabra para acompañar en el viaje de la vida a esa cálida mano que en algún momento se aferró a las mías casi sin fuerzas.
Sigue siendo ese momentos agridulce de una partida sin despedida, de un adiós sin un hasta siempre, de un te quiero sin abrazo...y ver una silueta perderse en el sendero y que la bruma y el ruido de la vida, se traguen el amor de golpe.