sábado, 5 de julio de 2014

Derivas

Me acostumbré a ponerme la sonrisa cada día mientras pedía a gritos llorar abrazada a tu cuerpo, mi vestido hecho a retazos de dolor dibuja mi silueta en alegría.

Y fueron mis manos a golpes de abrazarte las que me hicieron fuerte, mis labios temblorosos evitando un suspiros los que colmaros a besos cada centímetro de piel.

Juré en pacto con la felicidad, para cuando fuera mía, regalarla a trozos y esparcirla por tu vida, a golpe de silencio a martillazo de lucha, a batallas diarias.

Y se acostumbra el cuerpo a reír llorando, y no hay llantos sino risas. Y se acomoda la piel a la alegria de los roces del dolor, las miradas a ser serenas en mitad de tempestades y se acomoda la vida a que una misma lleve el timón a donde quiera, a tu puerto cada noche, a la deriva del ser...al paraíso inventado