lunes, 29 de diciembre de 2014

La chica sin zapatos

Paseaba cada tarde por el mismo parque al caer el sol, me gustaba ver atardecer sentado en el mismo
banco. A veces me acompañaba mi gran Furia, un perro pequeño de no más de cuatro kilos que se sentaba junto a mi contemplando mi mismo atardecer, aunque para ser sincero, más bien aprovechaba los últimos rayos de sol para dormir junto a mis pies

En la época de primavera, para que el sol no hiciera mucho daño nos cubría un frondoso árbol, que además apaciguaba la brisa que empezaba a calentarse.

Uno de tantos días, de mi rutina de siempre, me percaté de una chica que paseaba descalza en un pequeño trozo de hierba, me resultó curioso y a la vez pensé que la hierba tendría que estar fresca que sería una sensación agradable y placentera.

Cada tarde cuando llegaba a mi banco, encontraba la misma situación, la misma chica. Me fui fijando en sus ojos, casi siempre cerrados, pero cuando en algún  momento los abría pude descubrir un intenso color avellana y un cristalino casi lloroso que penetraba  y la vez era impenetrable. Su pelo caía sobre la cara o lo movía el viento a sus antojo. Tenía unos labios casi dibujados, jugosos y se atisbaba una leve sonrisa.

Pasó la primavera, llegando los calores del verano y aquella misteriosa chica allí seguía, ella en su rutina y yo en la mía.

Llegando un día de finales de Septiembre el cielo empezó a tornarse de nubes negra y en cuestión de segundos era imposible ver mas allá de un palmo de la intensa lluvia. Me volví instintivamente y para mi sorpresa allí seguía aquella misteriosa chica. Me acerqué sin saber muy bien que decirle, tan sólo pude ofrecerle mi abrigo que ya estaba casi empapado.

-Disculpe señorita, se va a quedar helada con esta lluvia y más aún estando descalza.

Me miró de la forma más dulce y tierna que nadie jamás me había mirado, tiró mi abrigo al suelo y me pidió que me descalzara y me quitara la camisa ya empapada. Como hechizado lo hice al instante. Tomó mi mano y me dijo que guardara unos minutos de silencio

-  ¿Notas la hierba mojada a tus pies? ¿Hueles la tierra que parece que resucita de su letargo? ¿Ves los árboles que parecen cobrar vida? ¿Sientes como el agua resbala por tu pecho casi abrazándote? ¿Notas cómo entre nube y nube el sol hace esfuerzos por salir y calienta tu cuerpo?

No supe que decir ante aquella cantidad de sensaciones que me invadía

-He visto que me observas cada tarde, quizás pensando que estoy loca, sin encontrar una explicación a mis hechos, pues bien, cuando no tengo quien haga vibrar mi cuerpo me descalzo y la madre tierra me hace sentir viva, cuando siento el frío de no tener un cuerpo cerca, el sol me envuelve y me llena de calor, si necesito llorar la lluvia derrama cada lágrima por mi y descarga mi alma y si acaso lo que necesito es un abrazo sincero, abro los brazos y el viento por completo roza cada parte de mi piel.Los días de trueno y tormenta me enzarzo en una pelea con el mundo, pero ambos sabemos que pasa y el sol vuelve a brillar más intenso.
Ese es el motivo por el que vengo aquí cada tarde, para encontrarme, conmigo y con mi mundo.

Estaba tan absorto en sus palabras que no me di cuenta que había soltado mi mano, cuando gire mi cara me encontré solo en un parque deshabitado. No volví a ver la chica sin zapatos. Quizás lo soñara, quizás sucedió, lo que tengo la certeza absoluta es que vuelvo cada tarde al parque no para ver atardecer, sino para encontrarme conmigo y con la leve esperanza de volver a rozar su mano en un día de lluvia

domingo, 28 de diciembre de 2014

El cuento que empezó con el final

Erase una vez que se era, como empiezan todos los cuentos contados a lo largo de la historia, con su príncipe y princesa, con su corcel blanco, con su cielo estrellado y con su felices para siempre.

Sin embargo este cuento relata mucho más allá de las alas de mariposas y las noches enteras asomada a un balcón, más allá de amores encantos y sapos, de hechizos, de nubes rosas y soles radiantes...este cuento comienza con el final.

Porque después de las páginas escritas en un cuento sin nombre, una princesa de largos cabellos rubios y rizados decidió escribir su propia historia, que jamás gustó a los editores y que hoy relato para vosotros.

Después del fueron felices y comieron perdices, nuestra princesa inventó un mundo donde había que levantarse cada mañana antes del amanecer para ganar el pan de cada día, no hay perdices en la mesas, a veces ni siquiera había un beso de buenos días mientras su príncipe aun reposaba en la cama. Era largo el camino que tenía que recorrer hasta llegar a palacio para cumplir sus funciones, limpiar cada menaje del Rey, cada lámpara y pasillo, hacer las camas revueltas de plumas. En los días de fiestas palaciega, nuestra princesa llegaba a su humilde casa bien entrada la noche, con callos en las mano, preparaba un sopa y mirando a los ojos de su príncipe siempre repetía la misma frase: Hoy ha sido un día maravilloso querido, porque Dios me ha permitido compartir un segundo contigo, te quiero. El príncipe extrañado agachaba la mirada y pensaba en las las fiestas de Palacio, en las tardes ociosa, en los jardines repletos de rosas rosas y en las damas de noche que en las noches de verano embriagaban su habitación.

Así pasaba los días nuestra princesa ante la atenta mirada de su príncipe. Los días de domingo cuando la princesa no tenía que atender a Palacio, se sentaba en su pequeño porche de madera a mirar los arboles y pájaros que cantaban frente a ella.

- Siéntate junto a mi, pequeño Príncipe y mira lo hermoso que es el mundo.

Así pasaron días, noches e incluso años,  hasta que un día la Princesa comenzó a enfermar, sus fuerzas flaqueaban, su sonrisa se apaga momentáneamente y su manos eran cada vez más débiles.

Un domingo cualquiera sentada en su porche mirando el sol, el Príncipe no puedo aguantar tanto sufrimiento de ver a su esposa apagarse lentamente. Se sentó junto a ella, tomó sus manos frías y le suplicó volver a Palacio junto a su padre.
Ella sin bajar la vista de los árboles con una voz tan dulce que hizo callar a los pájaros contestó:

-El día que elegí seguir mi cuento contigo, sabía como sería, con momentos tan duros y difíciles como los que hemos pasado y nos quedan por pasar, sabía que una pequeña mirada de amor de tus ojos me haría más feliz que cualquier Palacio de lujo y sirvientes a mis pies, que el roce de tus manos en mis manos cansadas y cada vez más viejas sería suficiente motivo para amarte el resto de mis días. Pequeño Príncipe, aquel día mi padre perdió a su Princesa, pero tu me ganaste como Mujer.
¿Ves ese camino que se pierde en la montaña? es el que recorro cada día para ir a cumplir mis obligaciones como sirvienta.  Si prefieres una princesa, corre a Palacio y pide la mano de mi hermana, es mas hermosa que yo y seguro que te hará feliz, no tendrás que tomar sopa cada noche y vivirás con todo lujo en esa cárcel de oro,

El príncipe apenado, se levanto tristemente y entró en casa, preparó dos tazas de chocolate bien caliente, con una pizca de canela y volvió junto a la princesa. Antes de dárselo cogió la mano de la Princesa y le dijo:

-Para mi siempre serás la Princesa del cuento más hermoso jamás contado, mi Palacio eres tú, mi felicidad está en tus adentros y tuve la suerte de elegir a una Mujer como compañera y no a una Princesa

La tarde llego a su fin en completo silencio, sintiéndose el uno al otro o el otro al uno y no pudieron ponerle fin a este cuento, porque el cuento empezó con el fin

sábado, 18 de octubre de 2014

Cuando yo me vaya

Hoy rescato unas letras que no son mis, pero si para vosotros, para a quien en algún momento apreció mi simple silencio a su lago o sencillamente disfrutó de un instante de vidas cruzadas

"Cuando yo me vaya,no quiero que llores, quédate en silencio, sin decir palabras, y vive recuerdos, reconforta el alma.

Cuando yo me duerma, respeta mi sueño, por algo me duermo; por algo me he ido.

Si sientes mi ausencia, no pronuncies nada, y casi en el aire, con paso muy fino, búscame en mi casa, búscame en mis libros, búscame en mis cartas, y entre los papeles que he escrito apurado.

Ponte mis camisas, mi sweater, mi saco y puedes usar todos mis zapatos. Te presto mi cuarto, mi almohada, mi cama, y cuando haga frío, ponte mis bufandas.

Te puedes comer todo el chocolate y beberte el vino que dejé guardado. Escucha ese tema que a mí me gustaba, usa mi perfume y riega mis plantas.

Si tapan mi cuerpo, no me tengas lástima, corre hacia el espacio, libera tu alma, palpa la poesía, la música, el canto y deja que el viento juegue con tu cara. Besa bien la tierra, toma toda el agua y aprende el idioma vivo de los pájaros.

Si me extrañas mucho, disimula el acto, búscame en los niños, el café, la radio y en el sitio ése donde me ocultaba.

No pronuncies nunca la palabra muerte. A veces es más triste vivir olvidado que morir mil veces y ser recordado.

Cuando yo me duerma, no me lleves flores a una tumba amarga, grita con la fuerza de toda tu entraña que el mundo está vivo y sigue su marcha.

La llama encendida no se va a apagar por el simple hecho de que no esté más.

Los hombres que “viven” no se mueren nunca, se duermen de a ratos, de a ratos pequeños, y el sueño infinito es sólo una excusa.

Cuando yo me vaya, extiende tu mano, y estarás conmigo sellada en contacto, y aunque no me veas, y aunque no me palpes, sabrás que por siempre estaré a tu lado.

Entonces, un día, sonriente y vibrante, sabrás que volví para no marcharme."

CARLOS ALBERTO BOAGLIO

domingo, 12 de octubre de 2014

Camino sin adios

Aprendí lo hermoso que resulta que sueltes mis mano tras una caída, que dejes de apretar mis dedos mientras te levantas del lodo donde nunca quisiste caer y que ante el titubeo agazapado en tu interior casi claves tus uñas en las palmas de mis manos.
Aprendí además a mirar la tibieza de unos ojos que por fin mira  frente a frente sin dolores ni heridas, en completa calma y con el destello de alegría que asoma tras la tormenta. Unos ojos gratos y con el único cristalino del sol reflejado en sus pupilas
Aprendí que el calor de unos dedos que se entrelaza con los míos es el signo más claro de que en algún momento todos necesitamos sentir un latido ajeno que nos devuelva la respiración, que nos de ese aliento que a veces nos falta y ese espacio de serenidad donde el silencio es sencillamente un regalo.
Aprendí que en mi camino cruzaban a diario pequeñas almas que yo siempre vi grandes e inmensas, únicas y especiales, a pesar de los arapos y jirones que colgaban de sus pecho, de las repetitivas lamentaciones que salían de sus pieles.
Sin embargo, en el diario caminar, en el tedio de cada momento sigue doliendo cómo siempre no encontrar una mirada que vuelva atrás su vista para ver si sigo andando las pisadas que yo misma incité a andar, sigue faltando esa palabra para acompañar en el viaje de la vida a esa cálida mano que en algún momento se aferró a las mías casi sin fuerzas.
Sigue siendo ese momentos agridulce de una partida sin despedida, de un adiós sin un hasta siempre, de un te quiero sin abrazo...y ver una silueta perderse en el sendero y que la bruma y el ruido de la vida, se traguen el amor de golpe.

domingo, 3 de agosto de 2014

IRSE

Hoy rescato unos versos de Mario Beneditti, mientras volvía en el tren leí una letras que hace años me cautivaron y que hoy me volvieron a tocar el alma hasta el punto de hacerme llorar.Le debo la poseía y mi enamoramiento por ella a mis años de niñez, a la exquisita educación en valores y principios de unos profesores que hoy son parte de mi vida íntima y trozos grandes de mi corazón. A lo largo de los años pude descubrir que soy quien veis gracias a los pasaron por mi vida y dejaron unas semillas que día tras día siguen dando su fruto. Va dedicado mi espacio a quien me descubrió el arte de amar en las letras, mi "maestra y madrina", Lourdes Soriano y va también dedicado a quien sencillamente tengo el placer de amar.

IRSE

"Cada vez que te vayas de ti mismo
no olvides que te espero
en tres o cuatro puntos cardinales.

Siempre habrá un sitio dondequiera
con un montón de bienvenidas
todas te reconocen desde lejos
y aprontan una fiesta tan discreta
sin cantos sin fulgor sin tamboriles
que sólo tú sabrás que es para ti.

Cada vez que te vayas de ti mismo
procurá que tu vida no se rompa
y tu otro tú no sufra el abandono
y por favor no olvides que te espero
con este corazón recién comprado
en la feria mejor de los domingos.

Cada vez que te vayas de ti mismo
no destruyas la vía de regreso
volver es una forma de encontrarse
y así verás que allí también te espero."

Cinco minutos para la vida

Levantarte, abrir los ojos y pensar en tu sonrisa, de ahí se toman las fuerzas. Dibujar la mia a retazos y mirarme un par de veces al espejo..."te sienta mejor que nunca está sonrisa fingida".

Volver a mirarte al espejo y vestir tus ojos de falsas ilusiones, de un cristalino que refleje una felicidad tomada prestada. Volverte a mirar un par de veces más y pensar que tus ojos irradian toda la felicidad que quieres trasmitir.

Lavar tus manos para poder acariciar y abrazar aunque necesites esconderte del mundo, lavarlas un poco más para que las caricias sean suaves y no llenas de espinas, para que pueda apretar fuerte las tuyas y caminar contigo.

Un poco de color en los labios que se vuelvan carnosos y puedan besar infinitamente hasta que se acabe el mundo, y si se acabese en este mismo instante lleves contigo los besos que no te di. Una sonrisa dibuja rozando la perfección de las imperfecciones diarias.

Ya sólo me queda arreglar el corazón, pintarlo de colores y alegrias, de fantasía y sueños y de caminos ocultos para seguir viviendo.

Cinco minutos y vuelvo caminar un día nuevo.

sábado, 5 de julio de 2014

Derivas

Me acostumbré a ponerme la sonrisa cada día mientras pedía a gritos llorar abrazada a tu cuerpo, mi vestido hecho a retazos de dolor dibuja mi silueta en alegría.

Y fueron mis manos a golpes de abrazarte las que me hicieron fuerte, mis labios temblorosos evitando un suspiros los que colmaros a besos cada centímetro de piel.

Juré en pacto con la felicidad, para cuando fuera mía, regalarla a trozos y esparcirla por tu vida, a golpe de silencio a martillazo de lucha, a batallas diarias.

Y se acostumbra el cuerpo a reír llorando, y no hay llantos sino risas. Y se acomoda la piel a la alegria de los roces del dolor, las miradas a ser serenas en mitad de tempestades y se acomoda la vida a que una misma lleve el timón a donde quiera, a tu puerto cada noche, a la deriva del ser...al paraíso inventado

jueves, 26 de junio de 2014

Vuelvo

Vuelvo, al lugar donde el silencio se llenaba, donde se conjugaban las palabras para llegar más allá del espacio, donde las letras ocupaban corazones empeñados en tristezas, donde era posible amar sin prohibiciones, donde un micromundo se encerraba en mitad de un mundo caótico.

Vuelvo para tenerme, para mirarme a los ojos del alma y que las ausencias sean brisas pasajeras que no hieran, para cansarme de mí y reconocerme, para tenerte de mi única manera.

Vuelvo a donde se empieza, para seguir o parar, donde la distancia une y donde existo y existes sin ruidos que atormentan el diario de saberme que vivo.

Vuelvo porque duele y porque sonrío, porque ando con pies prestados y se me olvida a veces el cansancio del camino, porque si hay que inventar, invento la lucha de la felicidad diaria, porque mi silencio a veces sirve de colchón para los ojos que lloran.

Vuelvo, aunque me iré, a pesar de saberme todos los finales de los cuentos, aquellos que contamos con sonrisas para avivar la ilusión ajena y aun sabiendo que es mentira y sólo una fantasía, contamos con entusiasmo con el único fin de crear un espacio donde lo imposible se pueda.

Vuelvo, nunca me fui