sábado, 21 de abril de 2012

Duermes

Duermes, y se calla la ciudad por un instante para tu paz, para tu sosiego y refugio, para que descanses tus oídos del ruido que produce el propio vivir y seas libre aunque mis manos te encadenen a mi cuerpo. Duermes, y tan sólo tu leve respirar se atreve a romper el silencio que te envuelve, tan sólo mi voz te acaricia aunque no la escuches, únicamente te arropa mi ser que pego a ti como un escudo para que ni en sueños, ni en tu propia imaginación onírica, puedan herirte.

Duermes, y me siento morir por un momento ante tu tranquilidad. Cuento los segundo del tiempo en el mismo deseo de poder detenerlo, ahogo en mi garganta el amargor del diario para saborear la humedad de tu aliento junto a mi boca e intento, casi en vano, retener en mi memoria tu imagen junto a mi. Duermes y observo el milagro de pedir como recompensa tu simple felicidad.

Duermes, sencillamente duermes en mis brazos con gesto sereno, fundiendo tu piel contra mi pecho, dejándome tu vida entre mis manos, tu mundo a mi merced y mi mirada. Y no hay tempestad que te perturbe, ni huracanes que desatar en éste momento, ni vientos, ni mareas contra los que tener que luchar. No hay batallas que librar más que la mía por amarte.

Duermes, mientras me salto la frontera de mi silencio para decirte lo que nunca pensé, contarte lo que nunca viví y susurrarte lo que nunca sentí. Duermes mientras yo me rindo a la evidencia de vivir más allá de lo aparente, de construir un mundo de barro sin cocer, de callar para vivir y de vivir callando.

Tú sencillamente duermes, yo sencillamente sueño.


1 comentario: