domingo, 4 de diciembre de 2011

Locuras y desconsuelos

María jamás pensó para sí misma los acontecimientos de su propia vida, las elecciones a la que la desidia diaria la someterían por siempre, ni la dureza y crueldad con la que debería de enfrentarse cada día al universo que se mostraba ante ella, pero que amaba tanto, que jamás le importó ninguna lucha con tal de ver el mundo a su manera, bajo un prisma de locura que lo envolvía todo en fantasía. No imaginó tan siquiera que tendría que luchar sin descanso alguno a contra corriente, que sería feliz con el silencio de sus labios sellados y que renunciaría gustosa a las concepciones que desde siempre le habían marcado el ritmo, aunque las voces a su alrededor hicieran un ruido estrepitoso que le dañaran el alma.

Nunca le faltó la sonrisa, que tuvo que comprar con trozos de su propia piel arrancados a tirones, pero que curaba a escondidas cada noche para no dejar ni un rastro al amanecer. Aprendió que su alegría se forjaba a base de largos llantos que le inundaba el alma cuando decidía por compañera a la soledad, que el esfuerzo diario por cuidar cada detalle, cada ser que la rodeaba, ya era suficiente apremio para levantarse cada día.

Entendió que las caricias se regalaban a diario, sin excepciones ninguna, y fueron sus manos encallándose poco a poco bajo este dogma. No serían sus caricias delicadas ni suaves, pero serian puras y sinceras. Entendió además que la primera conversación de cada día sería con su corazón y así pudo  ser su abanderada en la causa más perdida y ante cada reproche propuso un abrazo, ante cada dolor propio o ajeno tuvo un beso de gratitud y consuelo, ante cada obstáculo al que le retó la vida sacaba sus dos manos como único instrumento, se paraba en el camino, y a base de paciencia y constancia, conseguía ganar el pulso aunque todos lo dieran por perdido.

Comprendió que el amor toma formas infinitas, aunque no siempre infinitamente aceptadas, pero en su cabeza, en su nido de golondrinas que guardaba bajo el pecho, latía cada instante un corazón rebelde que no se conformaba con los cuentos de princesas y siempre quiso más, algo distinto, pero a la vez único. Y aprendió a amar sin restricciones inventando conceptos nuevos que regalaba en silencio para quien supiese escuchar.Supo callar para decirlo todo, inventar un lenguaje para sí del que pocos eran conocedores, dibujar decorados en mitad del desierto para ser feliz aunque la llamaran desdichada. Supo hacerse grande con cada pequeño detalle que la vida le regalaba y renunció cada día a grandes palacios para quedarse eternamente con su decorado de papel.

Pagaba cada mañana la aduana de la sociedad gustosamente, renunciaba a placeres para otros deseables, cargaba sobre sí cuantas inmundicias el ser humano pudiera reprocharle e incluso exponía su propio cuerpo, su propia vida, su propio dolor a los dardos envenenados de las mentes rutinarias...pero nada le importaba, ella inventaba su mundo, sus locuras, sus regalos invisibles ante los ojos humanos. Luchaba hasta la exasperación por un simple sonrisa y el mayor tesoro lo encontraba en ojos ajenos llenos de felicidad.

María no tenía cualidades que la hicieran destacar de entre la multitud, no encerraba en sí misma más secretos que tú o que yo, tan sólo tomó la vida en su sentido más puro, quitándose el miedo de los juicios ajenos y vivió por siempre con pájaros atados a sus muñecas que la hicieron volar y regalar más de un vuelo. Soñó y lo hizo realidad, y su realidad fue desde entonces un sueño.



3 comentarios:

  1. Me recuerda a una preciosa canción que sé que te te encanta: "Ataremos bandadas de gorriones a nuestras muñecas, huiremos lejos de aquí a otro planeta..."

    Vir, una suerte encontrarte por aqui

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  2. Virllis, que rincón más bonito tienes, me quedo embobado leyendo y casi escuchando tus palabras.

    Gracias, gracias colocar cada mueble en su sitio y te seguiré por aqui cuando te eche de menos.

    Besos y abrazos.

    Ah, y sigue llamándome principito a ver si así no crezco nunca

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