sábado, 3 de diciembre de 2011

En tu silencio

Nadie escuchará mi nombre entre tus labios aunque me grites,  aunque el dolor te haga exclamar los versos que te escribo y las palabras que me callo, aunque el sonido lleve los tintes de mi voz en tu garganta y te parezca que resuenan mis palabras en tu interior, nadie, absolutamente nadie, oirá mi nombre en tu eco.

Nadie advertirá tu sonrisa diferente, ni encontrará en ti el mapa de mi piel y las huellas de mi ser, ni observarán en tus ojos otro cristalino, aunque me busques en el espejo, aunque me mires en trozos de ti y ni tú te reconozcas, aunque te empeñes en consagrar la experiencia, será en vano ese esfuerzo por reafirmar la existencia de lo que nunca existió.

Y me besarás en otras bocas, me mirarás en otros ojos, me abrazarás en otros cuerpos y oirás mi voz en el murmullo de las calles, sin embargo, aunque me grites, aunque desesperadamente eches a correr sin rumbo fijo, nadie sabrá que me buscas, nadie entenderá que me encontraste y aún más, incluso tú mismo, te preguntaras diariamente si existí.

Y no seré partícipe de tu vida, ni acompañante en el camino, ni testigo de tus logros y derrotas. No seré ni siquiera recuerdo cuando empieces a dudar del color de mis ojos, del sabor de mis labios, del olor de mi pelo, cuando pongas en cuestión el timbre de mi voz que tantas veces susurró un te quiero.
Y cerrarás tus ojos con fuerzas aferrándote al recuerdo que nunca encontrarás, que jamás podrás compartir ni contar.

Sin embargo, cualquier tarde perdida en las que las tormentas te dejen de azotar, sonreirás sin motivos aparente, llorarás de alegría al escuchar una canción, un perfume te hará estremecer y una palabra cambiará el sentido de la desdicha. En ese instante se disiparán las dudas, los recuerdos, las contradicciones, los esfuerzos y las luchas y aunque tú no lo sepas tendrás la certeza de que nunca me alejé, de que no fue un sueño, tan sólo tendrás la certeza de que fui tuya sin medidas.


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