martes, 11 de octubre de 2011

Oda al Egoísmo

Con el desconcierto de darme por vencida me expongo nuevamente a tus dardos envenenados, a la heridas abiertas que me hacen diminuta y tan humana , a desnudarme de todo lo que heredé y me enseñaron y quedarme a solas con mi alma, tan hermosa y tan mía, tan extraña y tan de nadie. Te presento mi carta en blanco porque nada de lo aprendido me sirve enternamente ante tu fija mirada que son mis ojos y me invento ante ti, esta vez a mi forma y como me soñé, saludando cada noche a un corazón que comienza a ser mio.

Sin temor me confieso que fui capaz de amar en desmedida y sin pedir nada a cambio, en su forma más pura y hermosa. Me confieso que lloré como un niño viendo amanecer en mi balcón y que se hicieron agua algunas ilusiones que tuve quejar correr entre mis mano. Confieso que no perdí jamás mis ganas de luchar por cada día que regalarte envuelto en esperanza y paré la batalla antes de hacer daño al enemigo, porque entendí que en lo humano no cabían heridas. Me confieso perdida porque anhelo encontrarme en tu ojos y adorar ese reflejo en el que me reconozca.

En mi declaración de intenciones no cabe más que esta pequeña mochila que porto aún a desgana, que en vez de llenar, vacío, para que mis pies soporten mi andanza, que me entorpece el camino a veces, pero que es tan mía como la sonrisa que te regalo a diario o la mirada enamorada con la que descubro el mundo. Y cuando me desnudas, cuando ni siquiera el silencio quiere acompañarme y el aire amenaza con marcharse, soy dolor en carne y felicidad en espíritu, soy todo el universo comprimido y sin embargo nada entre tus brazos.

Me confieso humana en lo divino y mundana en las divinidades, sin más necesidades que abrir los ojos y tener fuerzas suficientes para buscar cada día pequeños tesoros escondidos, sin más deseos que un refugio para guarecerse de las tempestades, sin más necesidades que el roce de un mano o el latir de otro pecho, sin más ilusión y anhelo que ser testigo de mi vida.

2 comentarios:

  1. Testigo de una historia, repleta de vida. En la que amar y sufrir van cogidas de la mano en busca de un final menos incierto que la propia vida.

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  2. Un grito silenciado a la esperanza,no le puedo llamar egoísmo.

    Un abrazo¡!

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