sábado, 12 de marzo de 2011

Estrella ( II Parte)


( Continuación)

Pasó una mano tomando su cintura atrayendo a Estrella hacía el, mientras rozaba con los labios  su lóbulo. Besó su cuello, con un sabor amargo a perfume, besó sus hombros, aspiraba el olor de su pelo, de su cuerpo ardiente mientras ella dejaba caer sus párpados de placer. 

Ya no había mañanas ni después. Estrella sentía la excitación de su acompañante bajo el pantalón, imaginó su sexo mientras él seguía bajando por espalda, lamiendo cada recodo, deshaciéndose del vestido y dejando al descubierto una exquisita ropa interior. 

Estrella se volvió en un gesto brusco y decisivo, puso unos centímetros de distancia y clavó sus ojos en él. Su mirada era lasciva, incitadora, provocando cada momento como una hechicera. Sentía como su cuerpo cedía a su placer, como su piel respiraba ya un sexo deseado. Besó sus labios y él sintió el contacto de unos labios jugosos y carnoso, una lengua que exploraba su hueco al encuentro de otra lengua y que pedía a cada segundo un aliento de vida. Desabrochó su camisa sin apartar los ojos de su amante, rozando deliciosamente el pecho de su acompañante con el dedo índice a la vez que hacía saltar cada botón entre sus manos. Dejó caer la camisa al suelo, descubriendo un torso firme que reflejaba una respiración forzada, posó sus manos en el cinturón y como si despertara una fiera dormida, él empujó a Estrella contra la puerta, oprimió su cuerpo contra el suyo y acercó su sexo regido hacia Estrella.

La besó con dureza de pasión, después con ternura, como contemplando una obra de arte, la besó y disfrutó de su humedad como si fuera un niño. Terminó de quitarle la ropa que cayó de inmediato, bajó una mano hacia el muslo de Estrella, levantó su pierna a la altura de su cadera, y apretó más su sexo contra ella. Notó su humedad, sus ganas, su respiración que pedía a gritos que la hiciera suya. 
Siguió acariciando su muslo, besando su cuello, bajando hacia sus senos que se intuían firmes y duros, los  lamió con sutileza, de abajo arriba, pasando su lengua por cada pezón, mordiéndolos con suavidad y destreza. Ella gimió, él se excitó aun más.

(Continuará)

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