viernes, 11 de marzo de 2011

Estrella ( I Parte)


La tarde era calurosa, intensa, y agotadora. Cualquier prenda que le rozara se  adhería como una segunda piel marcando aún más su esbelto cuerpo. 
Estrella era una mujer sensual, misteriosa, sabía que decir en cada momento y acompañarlo del gesto preciso. Un largo pelo azabache, rizado, alborotado en su justa media y que ella hacia caer de cuando en cuando hacia atrás dejando al descubierto un cuello perfecto, deseo de cualquier hombre o mujer. Aquella tarde no excedió demasiado su maquillaje, los rayos del sol de verano le proporcionaban una piel aterciopelada, bronceada y dorada que no necesitaba de aditivos, tan sólo un poco de carmín en sus carnoso labios y algo de sombra en un ojos que hubieran sido la envidia de cualquier pintor. Ojos grandes, almendrados, de un negro intenso que traspasaban el límite de lo real.

Cogió las llaves del coche y se apresuró a bajar las escaleras. Faltaban 20 minutos para las 9 y la tarde llegaba a su fin, dejando paso a una suave brisa. Respiró nerviosa el olor a sal y brea al salir de su casa y mientras conducía bajó las ventanillas de su coche para sentir como la brisa del mar acariciaba su cuerpo. Se estremeció, quizás por el contacto del viento con su cuerpo, quizás por la excitación del encuentro al que acudía.
Puntualmente llegó al hotel, pidió habitación y con aire sensual paseó por el vestíbulo como antecediendo los hechos, nerviosa pero segura de sí misma.

En el otro extremo de la ciudad un hombre miraba el reloj e imaginaba un beso lento en unos labios desconocidos, un olor a perfume de mujer, una caricia diferente a la rutina y el tedio diario, pisaba el acelerador y se debatía entre cerrar los ojos y continuar o girar camino a casa.

Tan sólo 10 minutos después de que Estrella entrara en la habitación alguien tocó la puerta con indecisión. Allí estaban, frente a frente, clavando sus ojos ardientes de deseo y sin posibilidad de articular palabra. Por un instante, ninguno movió ni un solo músculo, sólo se deleitaron con la mirada dejando constancia en cada parpadeo de sus ansias. Sus pechos saltaron a un ritmo diferente, el ritmo de la lujuria

Estrella se apartó de la puerta, bajo su mirada en señal de consentimiento y él entro, sin prisas, sin ademanes. Estrella no se volvió para mirarlo, esperó firmemente frente a la puerta cerrada a que él requiriera su presencia en un golpe de deseo. Una sola palabra bastaba para cerciorarse de que aquello no era un error. Él volvió la vista y la vio inmóvil frente a la puerta. Con decisión se acercó sin llegar a rozarla, sabía que podía sentirlo a unos centímetros, escuchando su respiración excitada en su espalda. Todo trascurría lento, disfrutando y deleitándose de cada instante.
Apartó su pelo, olía a flores frescas y a un dulzor extraño. Pudo ver su hombros semidesnudos, los acarició con delicadeza y acercó su boca al oído de Estrella.

-        Tengo tantas ganas de ti…. – no hubo más palabras.

      (Continuará)
 

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