lunes, 14 de marzo de 2011

Abre los ojos

Abro los ojos y te encuentro, sumido en un viaje en el que ni siquiera yo soy capaz de acompañarte y prestarte mi mano, un viaje infinito que dura un instante, un viaje del que partes y a veces no regresas. Miro tu piel erizada por el sueño eterno en el crees mecerte y me siento afortunada de rozar tu piel tan mía, de sentir tu latir como si fuera el propio. Rozo tus labios y pareces que duermes y me embriaga la emoción de compartir el segundo.

Abro mis ojos y no hay nada, ni un pensamiento, ni un concepto que te haga perder el rumbo y a mi errar en el camino, no hay desidias ni torpezas, ni diarios ni esperas desesperadas. Abro mis ojos y me descubro en ti reflejada, anclada en una parte de tu ser, perdida en el vaivén de mis entrañas y me noto cada parte de mi cuerpo como si dejara de estar muerta. Siento la vida en su estado más puro, una vida que regalas sin medidas y envuelta en ilusión. Nunca el vacio pudo estar más colmado de ti, de tu aroma, de tu nada tan llena de todo.

Abres los ojos y no mes ves, sólo me sientes, intuyes mi perfil y mi contorno de una forma desenfocada ante la mirada de Dios, nítida y claro bajo tu perfecto prisma de niño sorprendido. Y se te llena el alma de flores, de hierba de primavera, de hojas de laurel y de tomillo… ahora también mi piel es tuya o quizás no haya pieles ni metacrilatos.

Abres tus ojos y estás tú mismo frente a ti, tocándote al tocarme, rozándote al rozarte, sintiéndote al sentirme, queriéndote al quererme…viviéndote al vivirme.

Cierro mis ojos, cierras tu ojos … y todo roza lo divino.

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